Notas quebradizas que se forman al pasar el viento entre los árboles
formando una a una alguna melodía triste,
el viento es fresco, tranquilo, pero suficientemente potente para mover mis recuerdos.
El campo es vasto y con colores diversos,
a lo lejos una manada de animales de largas patas y paso lento,
mientras hacen sonidos parecidos a máquinas, con un eco a lo lejos.
Un extraño sol se mira a la distancia, casi invisible.
Su tenue luz provoca que este mundo se mire púrpura sobre su cielo, y su superficie se mantenga oscura.
Un paisaje que daria miedo a cualquiera que no estuviera acostumbrado a él.
-¿Y decias, se llamaba?
Su silueta enmarcaba el extraño fondo del paisaje,
desde hace tiempo que no tenía compañia alguna,
y en este lugar el tiempo también se comporta de manera extraña.
-Solo, mi querido compañero.
Mi única compañia desde que tengo recuerdo, irónicamente lleva por nombre Soledad.
No hay nubes, de hecho no existen... me pregunto cuándo fue la última vez que miré alguna.
Su triste figura se posa a un lado de la mia, y al igual que yo, mira hacia arriba.
Está ese cielo púrpura, con ese pequeño sol que casi nunca se mueve,como mirando, vigilando.
Esperando respuestas de vida, sobre este valle cuál parece sacado de mis sueños.
-Estas solo, ella te dejó.
Fue en busca de nuevos horizontes, cruzando mares y atravezando montañas.
Posandose en lugares, entre tanta gente y tantas casas.
Se fue buscando algo que contigo le faltó; y no hiciste para detenerla, era libre y tú no podías hacer nada.
No podías cortarle el vuelo, pues no le diste tú, sus alas.
Aunque hayas querido detenerla, algo en tí se detenía.
Le prometiste que no te haría daño y por eso ella se fue con calma.
Si tan solo te viera como estas ahora.
-Yo no deseaba fama, poder ni fortuna, ¡ni siquiera lo hago ahora!
Sólo quería regresar un poco el tiempo, no para remendar mis errores ni faltas
sino para disfrutar de nuevo su compañia, vivir de nuevo la vida, repetirla,
aún sin cambiar nada.
-No fue culpa tuya, ni mucho menos de ella, son cosas que suceden.
Te has convertido en un rey sin su reina.
-Sus manos tan tiernas y tan suaves, con su piel a tono de terciopelo
sus oscuros ojos capaces de enamorar a cualquiera, en los cuales yo veía mi reflejo y esa dulce voz...
no me consideraría un rey, pero ella sería digna de ser cualquier reina.
Miramos juntos al horizonte, el mismo por donde ella partio.
El mismo por el que cada día miro, esperando que algun día regrese
no pierdo la esperanza, hasta el día que ya no mas respire.
-Te diría que la siguieras, aunque ya debe de estar lejos; quizás si algún día regresa, tú ya no estés aqui.
-Em...
-¿Karento?
-Jajaja, a mi no me metas en esto...
-Sus ojos?
-Sus ojos...
-¿Cual decías, era su nombre?