viernes, 24 de febrero de 2012

Tus manos

Me gustan tus manos
tan tiernas y tan suaves
que pueden crear o destruir mundos
que pueden helar mi piel con solo tocarme.

Quisiera tenerlas y nunca dejarlas ir
que estuvieran junto a las mías
las mías, tan solas y tan perdidas
como esperando las tuyas al venir.

Que puedo imaginarme todo aun sin tenerte cerca
o soñar por las noches que se avecinan frescas
que esas manos blancas recorren mi espalda
y llenarme de felicidad hasta que amanezca.

 ¿Me permites soñar?
¿Me permites celarte?
Tocarte tan solo con mis cabellos
que grave falta haría yo al tocar con mis manos tu hermoso cuerpo.

Que no haría falta hablar aparte de mis manos
que han tocado odio, rencor, que han tocado barro
inaceptable seria de mi parte sostenerte una mano
fingiendo pureza, estando más que manchado.

Como quisiera que tus manos estuvieran abiertas al aire
que corrieras a mí en un acto desesperado
como queriendo de mi, desear un abrazo.
¿Dime tu, te he contado de cuanta falta me haces?

Pero espera,  que no quiero ni imaginar
que agites tus manos al viento
mientras dices esa palabra, no
derramando una gota salada de tus lindos ojos, oh Dios
quisiera que nunca, algún día, dijeras adiós.

Entonces despierto.

domingo, 19 de febrero de 2012

Nuestra calle

¿Recuerdan cuando éramos (aún más) jóvenes,  y nuestra vida era una fiesta?
La calle siempre estaba llena de niños jugando y un poco mas adelante,
platicando ya entrada la noche.
Todos nos conocían en lo bueno y en lo malo, y todos nos eran conocidos.

Jugábamos a perseguirnos gritando tinzas!
y a las escondidas, con la calle siempre como escenario,
coleccionábamos tazos, hielocos y estampitas para cambiarlas por premios.
Jugamos juntos maquinitas, siempre en bola esperando
y aun han de recordar bien en que casas mas nos juntábamos

¿Recuerdan cuando casi todos en la cuadra nos hicimos de una bicicleta
y nos fuimos todos juntos a recorrer la colonia,
y aquella casa que servía de taller para estas?
Las platicas, los juegos, las juntas, las casas, las personas
las caídas, las mascotas, las fiestas y como se cerraba la calle para hacerlas.
La coperacha para el sonido de los bailes
y el bullicio que caracterizaba las tardes a causa de nuestras voces.

Pasamos tantos momentos, tanto buenos como malos
desde tragedias hasta amores secretos...y otros no tanto.
No hace falta decir nombres, ni lugares y tiempos,
sé que en el fondo todos recordaran un poco.

Pero ya crecimos y ha pasado el tiempo
cada quien tomo su propio camino
muchos ya ni siquiera podemos vernos, quizás para siempre,
otros ya ni las palabras nos unen
ahora si que solo los recuerdos quedan, y son solo nuestros.

Muchos ya tienen sus propios niños
y una nueva generación de pequeños esta creciendo en nuestra calle
pero el bullicio se ha ido, ya nada es igual
poco a poco nos fuimos despidiendo
los sonidos, apagándose
y las noches ya solo son fantasmas de nuestras voces.

Hay tantas cosas que recuerdo en estos momentos
pero seria interminable escribirlo,
fue un gran gusto haber crecido junto a ustedes
siempre voy a recordarlos con cariño, son los mejores.

Nuestra calle aun sigue aquí, extrañándonos a todos.


jueves, 9 de febrero de 2012

Soy vagabundo

Tengo un par de gatos
De ojos rojos terciopelo
Que lamen el aire rancio
Sobrecargado de recuerdos.

Tengo mis manos en mis bolsillos
Y en ellas, como unos cincuenta pesos
Los cargo desde que nací
Los guardo para comprarme sueños.

Tengo en mi pecho mil suspiros
Y en mi lomo un saco abierto
Lleno de harina que va cayendo
Que paso a paso marca un camino.

Soy solitario, un vagabundo
Sin vida propia y sin sentido
Cada día es una aventura
En toda esquina hay un vecino.

Tengo un saco y una camisa
Por si alguna fiesta así lo pide
Pero espera, la vida es una fiesta
Hay que estar vestido permanentemente.

Llorare, pues no me queda más
Cada lágrima tiene su precio
Invaluables son en el mercado negro
En este día soy inmensamente rico.

Soy un vagabundo del universo
La Vía Láctea es mi hogar
El planeta Tierra mi domicilio
Y cada esquina es mi habitación.

martes, 7 de febrero de 2012

Sobre sueños y pesadillas



 ¿Es un sueño?  Debe de serlo. ¿Una pesadilla?  Tal vez lo creo
 No creo que haya palabra que describa de mejor manera la situación por la que atravieso. 
Soy un desconocido mas, un desconocido para todas las personas que me rodean, para todas y cada una soy solo un ser mas que camina entre ellas,
y al cual no se le puede dirigir palabra alguna.
Soy una versión en estado puro de un completo desconocido,
sin rostro ni nombre; sin identidad. 
Soy una victima más de la desconfianza que impera en el mundo actual,
del cual sus habitantes cuidan sus espaldas de su propia sombra.

  Debe ser un sueño... ¿No lo es?

No puedo volar, no puedo cambiar mi panorama en ningún sentido.  Las cosas a mi alrededor no cambian, y todo es una monotonía la cual me enferma hasta los huesos.

No es un sueño; los sueños son hermosos, son una puerta de escape de un mundo crudo.  Son tesoros invaluables que todos buscan al dormir, los cuales se borran al despertar.  Son de las mejores cosas que nos ha regalado Dios, siempre y cuando no nos quedemos atrapados en ellos.

¡Es una pesadilla!

Las personas que me rodean no son personas cualesquiera, no son desconocidas para mí; conozco sus nombres pero no conozco su presente.  Conozco sus pasados.
Son versiones jóvenes de esos conocidos, versiones que desconocen mi naturaleza y cuestión de ser.  Y yo solamente soy un ser errante que miran con extrañeza y recelo,
a veces, con lástima...




sábado, 4 de febrero de 2012

Señor, no me quites nada.

Señor, no me quites los brazos
para poder abrazar a todos a los que quiero.
No me impidas la vista
para ver las maravillosas obras de tus manos.
No apartes de mí, mis pies
para correr libremente por el campo.

Señor, no me quites el olfato
ni me prives de esas sensaciones diarias que llenan mi vida
no apartes de mí todas tus bendiciones
no me dejes andar solo en el camino.

Señor, no me quites mi nombre
ni todas las personas alrededor que tanto quiero.
No quites de mí, el habla
para no decirles nunca más cuanto las amo.

Señor, no quites de mí, mi salud
ni en mi enfermedad, tu compañía.
No quites de mí las pertenencias
Y que jamás se aparte de mí, tu Palabra

Señor, no quiero que me quites nada
pero si quieres, quítame todo hasta la vida
porque sin ti no hay existencia
y tú eres dueño de mi mente, cuerpo y alma.
Los recuerdos quedan varados en el espacio
como imponentes monumentos
de momentos que el tiempo no pudo derrumbar.